Cómo la logística regional se adapta a tensión Venezuela–USA
enero 9, 2026
Escrito por: Hilda Venegas Araya
La tensión entre Venezuela y EE.UU. no genera una crisis logística, pero sí desafíos en energía, transporte marítimo, seguros y planificación de la supply chain regional.

La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos volvió a instalar a Venezuela en el centro del debate geopolítico regional. Para la industria logística y portuaria, el episodio no ha significado una disrupción operativa inmediata, pero sí ha reforzado la necesidad de gestionar el riesgo político como una variable estructural en la planificación de cadenas de suministro en América Latina.
A diferencia de otros episodios de inestabilidad global, los flujos de comercio, el transporte marítimo y la operación portuaria regional se mantienen operativos. Sin embargo, el contexto ha activado ajustes preventivos en costos, contratos y planificación. Según explica Álvaro Cepeda, profesor asociado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, “las tensiones entre países afectan la planificación logística incluso cuando no hay problemas evidentes en el transporte, porque hacen que los costos sean menos predecibles y aumentan el riesgo de hacer negocios en ciertos mercados”.
Este tipo de escenarios impacta primero en la percepción de riesgo, un factor clave para operadores portuarios, navieras y cargadores. “Cuando aumenta la percepción de riesgo, cambian las decisiones sobre qué comprar, por dónde mover la carga y qué contratos firmar, especialmente ante la posibilidad de sanciones o cambios en las reglas”, señala Cepeda. En la práctica, esto se traduce en revisiones contractuales, ajustes en seguros y una evaluación más estricta de rutas y nodos logísticos.
¿En qué segmentos la logística regional es más sensible a la situación entre Venezuela y Estados Unidos?
Desde una mirada sectorial, el impacto no es homogéneo. El segmento energético es el más expuesto, dado el rol histórico de Venezuela en el mercado del petróleo. “La volatilidad en los precios del crudo y de los combustibles se transmite rápidamente a los costos del transporte terrestre, marítimo y aéreo”, explica Cepeda, afectando de manera transversal a la logística regional.
En segundo lugar, el transporte marítimo, especialmente el asociado a cargas energéticas y flota tanquera, suele reaccionar con rapidez ante escenarios de tensión geopolítica. Cambios de rutas, mayor cautela operativa y ajustes en la asignación de capacidad pueden generar impactos indirectos en tiempos de tránsito y disponibilidad de servicios, aun sin bloqueos formales.
El mercado de seguros logísticos es otro segmento altamente sensible. Ante el aumento del riesgo político, las aseguradoras tienden a ajustar primas y condiciones de cobertura, encareciendo la protección de carga, activos portuarios y flotas. En contraste, el comercio general suele mostrar mayor resiliencia en el corto plazo, aunque no es inmune a los efectos indirectos derivados de mayores costos energéticos y financieros.
Señales que observa la industria logística
Para anticipar posibles impactos, la industria monitorea una combinación de señales políticas y operativas. “Los anuncios de sanciones, restricciones comerciales, cambios arancelarios o mayores controles aduaneros suelen ser las primeras alertas”, indica Cepeda. A ello se suman indicadores de mercado como variaciones abruptas en tarifas de flete, disponibilidad de contenedores, tiempos de tránsito y primas de seguros, además de la congestión portuaria y la reasignación de capacidad por parte de navieras.
Este monitoreo permite a los actores logísticos actuar con anticipación, reforzando un enfoque preventivo más que reactivo.
Mirando a mediano plazo: escenarios para la logística regional
De mantenerse o escalar la tensión política, el escenario más probable no es una crisis logística, sino una transformación gradual hacia modelos más resilientes. Cepeda proyecta que “las cadenas de suministro tenderían a ser menos globales y más regionales, con una mayor diversificación de proveedores, rutas y nodos logísticos hacia países con menor riesgo político”.
Este proceso implica asumir costos estructuralmente más altos, derivados de mayores primas de seguros, volatilidad energética y contratos más exigentes, pero también abre oportunidades para puertos, operadores y plataformas logísticas que ofrezcan estabilidad, trazabilidad y cumplimiento normativo.
En este contexto, la industria portuaria y logística de la región avanza hacia un equilibrio entre eficiencia y resiliencia, incorporando tecnologías de analítica, monitoreo de riesgo y gestión avanzada de inventarios. Como concluye Cepeda, “no estamos frente a una disrupción operativa, sino ante un entorno más volátil que exige una logística mejor preparada, más flexible y estratégicamente diversificada”.




