Coordinación logística esencial ante desastres naturales
enero 31, 2026
Escrito por: Admin L360
Trabajar con autoridades, sociedad civil y empresas maximiza el impacto de la ayuda humanitaria y acelera la reconstrucción.

Los recientes incendios forestales en la región del Biobío han puesto de relieve la vulnerabilidad de comunidades completas ante desastres naturales. Detrás de cada estadística, familias pierden en cuestión de horas sus hogares, fuentes de ingreso y años de estabilidad construida. Ante este escenario, surge un cuestionamiento clave sobre el papel de la industria logística: su función va más allá de la eficiencia económica y se convierte en un elemento estructural para la respuesta humanitaria.
Felipe Miranda Rendic, country manager de LGF Chile, enfatiza que las capacidades acumuladas por el sector —desde centros de distribución y flotas de transporte hasta sistemas de trazabilidad y redes de abastecimiento— son exactamente las que se requieren en emergencias donde el margen de error es mínimo.
En palabras de Miranda: «La logística no es solo una actividad orientada a la eficiencia económica. Es una infraestructura crítica del país. Las capacidades que el sector ha desarrollado —centros de distribución, flotas de transporte, sistemas de trazabilidad, planificación de rutas y redes de abastecimiento— son las que se requieren cuando una emergencia impacta directamente a comunidades completas».
Distribución de ayuda humanitaria: desafíos y soluciones
Frente a la complejidad de recibir, clasificar y distribuir grandes volúmenes de ayuda hacia zonas afectadas, muchas veces con accesos dañados y necesidades urgentes, la eficiencia logística se convierte en un factor determinante. De ella depende garantizar la llegada oportuna de insumos esenciales a quienes lo perdieron todo.
Miranda señala que los centros de distribución pueden transformarse en nodos de acopio temporal, permitiendo ordenar, priorizar y despachar donaciones con criterios profesionales. Las redes de transporte, que habitualmente movilizan mercancías a nivel nacional, pueden ser reorientadas para transportar agua, alimentos, medicamentos y materiales de emergencia.
En sus palabras: «Los centros de distribución del sector pueden operar como nodos de acopio temporal, permitiendo ordenar, priorizar y despachar donaciones con criterios profesionales. Las redes de transporte pueden reorientarse para llevar recursos esenciales hacia los territorios más afectados».
Conocimiento técnico aplicado a la emergencia
El valor de la logística se incrementa cuando el tiempo apremia y los recursos son limitados. La experiencia en optimización de rutas, gestión de picos de demanda y resolución de cuellos de botella se vuelve crucial para maximizar el impacto de cada envío.
Miranda aporta un ejemplo concreto: «El conocimiento técnico acumulado —optimización de rutas, gestión de picos de demanda, resolución de cuellos de botella— se vuelve crítico cuando los recursos son escasos y el tiempo apremia».
Reconstrucción y sostenibilidad social
La responsabilidad logística no termina con la entrega de ayuda inmediata. Para muchas familias, el desafío más complejo inicia en la fase de reconstrucción: restablecer un hogar, reactivar ingresos y recomponer cadenas productivas locales. La logística puede facilitar el transporte de materiales, apoyar a pequeños emprendedores y contribuir a la recuperación de cadenas de suministro comunitarias.
Sobre la dimensión social del sector, Miranda sostiene: «La sostenibilidad no se limita a lo ambiental. También es social y territorial. La industria logística opera gracias a la confianza del país y de las comunidades en las que está inserta».
Coordinación estratégica y colaboración sectorial
El llamado de la industria es a una acción coordinada con autoridades locales, organizaciones de la sociedad civil y otros actores productivos para maximizar el impacto de la ayuda. Compartir capacidades, información y recursos no es solo una obligación reputacional, sino una responsabilidad estratégica en escenarios de crisis.
En sus palabras: «Cuando Chile enfrenta una emergencia, la logística —como sistema— no puede mirar al costado. La respuesta no puede ser individual ni fragmentada».
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