Los desafíos de la electromovilidad marítima: barreras y brechas de un sector en transformación 

septiembre 1, 2026

Escrito por: Admin L360

La reconversión de embarcaciones clave y los avances en Valdivia abren un mercado estratégico para reducir hasta 70% las emisiones y abaratar costos en la navegación nacional.

transporte maritimo

La electromovilidad marítima en Chile dejó de ser una apuesta de alto riesgo para convertirse en una fuerza industrial. En este 2026, la descarbonización de los mares locales suma hitos concretos gracias al estreno de laboratorios de prueba de vanguardia pioneros en Latinoamérica.

Paralelamente, los astilleros de Valdivia marcan un precedente histórico con la botadura del Magellan Discoverer, el primer crucero híbrido-eléctrico del continente. Con estos avances, la industria naviera nacional confirma que el salto hacia las cero emisiones es técnicamente sólido y comercialmente competitivo, reduciendo el peso de los obstáculos económicos que aún persisten.

La expansión de los buques híbridos y eléctricos en el mundo

La aceleración global hacia la propulsión limpia es innegable. Actualmente, más de 5.600 buques operan con sistemas híbridos o 100% eléctricos en todo el mundo, lo que abarca cerca del 9% de la flota comercial activa de menos de 5.000 toneladas de porte muerto. A esto se suman los registros del Foro de Baterías Marítimas de Noruega, que contabilizan más de 1.000 embarcaciones de mayor tamaño bajo esta tecnología y otras 460 en construcción. 

Europa abandera esta transición apoyada en infraestructura portuaria renovable, mientras la Organización Marítima Internacional ajusta la presión regulatoria mediante exigencias como el Índice de Diseño de Eficiencia Energética (EEDI) y el Indicador de Intensidad de Carbono (CII).

El potencial de reconversión es masivo si se considera que, según estimaciones de Siemens Energy y la ONG Bellona, el 81% de los 91.000 buques del planeta corresponden a unidades pequeñas o medianas aptas para el salto tecnológico. 

Sin embargo, la industria enfrenta un cuello de botella estratégico: gigantes globales como Wärtsilä, ABB y Rolls-Royce han concentrado sus desarrollos en megaplantas superiores a los 3.000 kW o en soluciones menores a 60 kW, dejando prácticamente desatendido el segmento de potencias intermedias.

El potencial de reconversión en remolcadores y naves acuícolas

En el plano local, la Estrategia Nacional de Electromovilidad fija una meta clara: reducir en un 30% las emisiones del sector transporte al 2030. Sin embargo, la Marina Mercante nacional (con 256 naves mayores operativas según el Boletín Estadístico Marítimo de DIRECTEMAR) enfrenta complejos cuellos de botella. La flota actual opera con motores convencionales que exhiben rendimientos térmicos de apenas 38% a 41%, un problema crítico en embarcaciones como los remolcadores de puerto, los cuales pasan largos periodos funcionando a menos del 20% de su capacidad. 

A esta ineficiencia se suman altos costos de capital, la falta de proveedores locales para el rango inferior a 1.500 kW y las limitaciones de las herramientas tradicionales de simulación, que omiten la dinámica térmica real y la medición efectiva de gases.

A pesar de estas barreras, Chile ha comenzado a transformar el reto en oportunidad. Embarcaciones con rutas repetitivas y demandas de potencia acotadas (como los mismos remolcadores y los barcos de apoyo a la acuicultura) se han convertido en el blanco idóneo para proyectos de reconversión tecnológica (retrofit). La transición hacia sistemas de propulsión híbrida permite optimizar el motor térmico a carga constante, logrando ahorros de combustible de entre 18% y 35% y recortando las emisiones entre un 30% y un 70% según el perfil operacional.

Construcción del primer crucero híbrido en Chile

El gran catalizador de esta transición ha sido el paso definitivo de las recomendaciones teóricas a la infraestructura real. En el Campus Miraflores de Valdivia, la Universidad Austral de Chile (UACh) y su spin-off THEMS operan el Laboratorio de Máquinas Marinas y Electromovilidad Marítima, una planta experimental a escala piloto única en Latinoamérica. 

Capaz de evaluar, emular y cuantificar el consumo y las emisiones de configuraciones híbridas y eléctricas de gran potencia, la instalación ya trabaja en alianza con la División de Transporte Público Regional del Ministerio de Transportes para proyectar la aplicación de estas tecnologías en el transporte fluvial y marítimo local.

El segundo hito consolidó este salto industrial con la botadura en el astillero ASENAV del Magellan Discoverer, el primer crucero de lujo híbrido-eléctrico construido en América. La embarcación de 94 metros de eslora, desarrollada para el operador Antarctica21, confirma que la capacidad técnica instalada en el país para fabricar naves sostenibles de alta complejidad es hoy una realidad exportable. 

Respaldada por pruebas de laboratorio en tierra, la hibridación gradual se posiciona así como la ruta estratégica más sólida para asegurar una navegación limpia y económicamente viable en las aguas chilenas. 

Ahorro de combustible y reducción de emisiones en cifras

La rentabilidad económica y el impacto ambiental continúan respaldando el salto hacia la electromovilidad marítima. Las estimaciones iniciales de un 19% de ahorro de combustible y 131 g-CO₂/kWh menos de emisiones han quedado cortas frente a las métricas actuales. Según los últimos datos de mercado, la hibridación ajustada al perfil de cada embarcación logra reducciones de consumo de entre 18% y 35%, mientras que el recorte de emisiones escala a cifras de entre 30% y 70%.

El paso pendiente para renovar la flota

Los datos de DIRECTEMAR al cierre de 2025 contabilizan 256 naves operativas en la Marina Mercante Nacional. Aunque se trata de una flota pequeña a escala global, cuenta con un nicho prioritario para la descarbonización en remolcadores y barcos acuícolas. Con la viabilidad técnica ya demostrada en Valdivia a través de infraestructura de pruebas y la construcción de un crucero híbrido, la incógnita ya no pasa por la madurez de la tecnología, sino por la velocidad con que los armadores decidan dar el siguiente paso.

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