Seguridad logística: Cómo enfrentar robos y disrupciones operativas
abril 6, 2026
Escrito por: Admin L360
Especialistas analizan amenazas como robo de carga, vulnerabilidad de rutas e interrupciones operativas, y revisan prevención, tecnología y coordinación para proteger la continuidad logística.

Las operaciones logísticas enfrentan un entorno donde la seguridad se ha convertido en una preocupación central. El aumento de robos de carga, interrupciones operativas y riesgos en el transporte ha obligado a las empresas a revisar sus modelos de prevención, gestión de crisis y coordinación institucional.
Especialistas coinciden en que el desafío ya no consiste únicamente en reaccionar frente a incidentes, sino en comprender la evolución de las amenazas y adaptar las operaciones para proteger personas, activos y continuidad del servicio. En este contexto, el análisis de riesgos, la preparación organizacional y la integración de tecnología aparecen como elementos clave.
Felipe Ignacio Montenegro Sánchez, MBA y Magíster en Dirección de Operaciones y Logística, y Patricio Espinoza Espinoza, Asesor en Prevención de Riesgos, Seguridad Vial y Operaciones, analizan las principales amenazas y estrategias para reducir impactos.
Robos y amenazas: un fenómeno adaptativo
Los delitos que afectan a la logística han dejado de ser eventos aislados para convertirse en un fenómeno que observa el funcionamiento de las operaciones antes de actuar. Según Montenegro, esto obliga a replantear el análisis de riesgo.
“El analizar y hablar hoy de robos y amenazas en las operaciones logísticas de Chile y Latinoamérica implica reconocer que el riesgo dejó de ser un evento puntual y se convirtió en un fenómeno sistémico y adaptativo. Los delitos observan directamente a la operación, identifican patrones y ajustan su comportamiento según la industria, el tipo de carga, el análisis del terreno y las vulnerabilidades propias del diseño operativo”, señala.
Esta dinámica implica que las amenazas no afectan de igual forma a todas las cadenas. Factores como industria, tipo de carga, infraestructura y entorno geográfico determinan perfiles de riesgo distintos.
“No es comparable operar en minería, banca, agroexportación, retail o bienes de alto valor, ni en rutas urbanas, rurales, portuarias o fronterizas”, explica Montenegro. “Cada combinación configura un perfil de riesgo específico, lo que hace ineficaces las soluciones genéricas”.
Desde la experiencia en terreno, Espinoza destaca que el robo de carga sigue siendo una de las amenazas más frecuentes, junto con hurtos en puntos de transferencia y fallas operativas que derivan en pérdidas.
“Las experiencias más exitosas no se basan solo en reacción, sino en conocer bien la operación, identificar tramos críticos, capacitar a los conductores y trabajar con protocolos simples pero claros”, indica.
Información operativa como factor de riesgo
El manejo de la información operativa ha adquirido un rol central. Según Montenegro, gran parte del riesgo se explica por el acceso previo a datos sensibles.

“Hoy gran parte del riesgo no se explica solo por la ejecución física del delito, sino por el acceso previo a datos sensibles como horarios, rutas, frecuencias y ventanas operativas”, advierte.
Estos datos pueden comprometerse en distintas etapas de la cadena, lo que obliga a ampliar el análisis más allá del transporte.
“La gestión del riesgo comienza antes de que la carga se mueva, en el diseño del servicio, en las decisiones comerciales y en el nivel de exposición que la organización decide asumir”, agrega.
Cuando la seguridad se integra desde esta etapa, es posible proteger activos, continuidad del servicio, experiencia del cliente y reputación.
Prevención: procesos, auditorías y capacitación
Ambos especialistas coinciden en que las medidas aisladas o reactivas no generan resultados sostenibles. La prevención efectiva requiere procesos continuos, revisados y adaptados.
“Las organizaciones más maduras han entendido que prevenir es diseñar, revisar y gobernar correctamente la operación, incorporando criterios de seguridad desde el origen hasta el destino”, señala Montenegro.
Advierte que los procesos no revisados pierden eficacia y que la prevención exige coherencia entre medidas, industria, servicios y recursos.
“No todas las operaciones requieren el mismo nivel de control. La prevención madura reconoce los trade-offs entre eficiencia, costo y seguridad, priorizando procesos y activos críticos”, destaca.
Desde la práctica, Espinoza enfatiza la importancia de medidas sostenidas: “Más que grandes manuales, lo que mejor funciona son medidas prácticas: protocolos de conducción segura, control de detenciones, gestión de fatiga, orden en bodegas y capacitación”.

Además, subraya que la comprensión del propósito es clave: “cuando las personas entienden por qué se aplican las medidas, la prevención funciona mejor”.
Montenegro también destaca el rol de auditorías internas y externas para detectar desviaciones y fortalecer la mejora continua.
La dimensión humana en la seguridad
La seguridad logística también depende de factores humanos. Montenegro advierte que la sobrecarga operativa y la fatiga afectan el cumplimiento de protocolos.
“Jornadas extensas, acumulación de funciones y responsabilidades poco claras deterioran la capacidad de atención y el criterio”, indica.
En este contexto, la capacitación y el entrenamiento forman parte de los controles preventivos.
“La capacitación y el entrenamiento no son complementos, sino controles preventivos en sí mismos”, sostiene, al destacar su rol en fortalecer la capacidad de decisión y adaptación.
Preparación frente a interrupciones
La capacidad de respuesta ante interrupciones depende de la preparación previa. Montenegro advierte que la improvisación es un factor crítico.
“La improvisación se ha convertido en uno de los principales generadores de pérdida operacional, reputacional y de confianza”, afirma.
Las organizaciones más preparadas cuentan con esquemas de continuidad del negocio, identificación de procesos críticos y escenarios definidos.
“Un factor determinante es la existencia de comités de crisis con roles claros. En escenarios de alta presión, la calidad de la decisión depende de la gobernanza”, agrega.
Espinoza coincide: “las empresas que minimizan pérdidas tienen definidos escenarios, rutas alternativas y responsables claros”.
También enfatiza la importancia de la comunicación: “reaccionar rápido y comunicar bien es clave”.
Tecnología, monitoreo y trazabilidad

La tecnología es un elemento central en la seguridad logística. Sistemas de monitoreo en tiempo real, trazabilidad y analítica permiten detectar desviaciones y mejorar la respuesta.
“Sistemas de monitoreo en tiempo real, trazabilidad end-to-end, analítica avanzada e inteligencia artificial permiten detectar desviaciones e identificar patrones”, señala Montenegro.
Estas herramientas permiten controlar pérdidas y fallas acumulativas. Sin embargo, advierte:
“La tecnología no reemplaza el juicio humano ni la preparación organizacional. Su efectividad depende de la calidad de los datos y su integración con procesos”.
Espinoza coincide: “la tecnología es un apoyo relevante, pero no sirve sola sin protocolos claros ni monitoreo efectivo”.
Coordinación público-privada
La seguridad también depende de la coordinación con autoridades, especialmente en corredores estratégicos.
“La coordinación debe basarse en confianza, protocolos claros e intercambio de información”, señala Montenegro.
Destaca que esta relación debe construirse antes del incidente mediante reuniones, simulaciones y canales formales.
Espinoza agrega: “cuando empresas y autoridades trabajan coordinadas, se reduce el impacto y se fortalece la continuidad operativa”.

Seguridad como continuidad del negocio
El crecimiento de la logística ha convertido la seguridad en un componente estratégico. Las interrupciones pueden generar efectos en cadena sobre el abastecimiento y la economía.
“En un contexto donde las operaciones logísticas cumplen un rol de infraestructura crítica, una interrupción puede generar efectos en cadena”, indica Montenegro.
La seguridad requiere una mirada sistémica que combine procesos, tecnología, liderazgo y cultura organizacional.
“La seguridad no elimina completamente los eventos, pero permite reducir su probabilidad, mitigar sus consecuencias y proteger lo esencial: personas, continuidad del negocio, experiencia del cliente y reputación corporativa”, concluye.
Lee el artículo completo en la nueva edición de Logística 360 Chile, págs. 61-66: https://logistica360chile.cl/nuestras-ediciones/
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