Plan japonés apunta a superar diez veces la mayor eólica flotante
mayo 1, 2026
Escrito por: Admin L360
La iniciativa prevé alcanzar 1 GW de capacidad y se posiciona como un salto de escala frente a la instalación líder en Noruega.

Japón proyecta construir hacia 2035 una megacentral eólica flotante con capacidad cercana a un gigavatio, en un intento por multiplicar por diez la potencia de la mayor instalación de este tipo actualmente operativa en el mundo, ubicada en Noruega y con cerca de 100 megavatios. La iniciativa forma parte de su estrategia energética y busca posicionarlo en un segmento donde aún se mantiene rezagado frente a Europa.
Un salto de escala en energía eólica flotante
El proyecto fue presentado por la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, durante la COP29 de 2024. La propuesta contempla instalar el parque en torno a las islas de Oshima, Niijima, Kozushima, Miyake y Hachijo, en el archipiélago de Izu, una zona caracterizada por sus altas velocidades de viento.
El objetivo es alcanzar cerca de 1 GW de capacidad instalada, una cifra comparable —en términos nominales— a la de un reactor nuclear, aunque con diferencias relevantes en generación efectiva.
La tecnología detrás del proyecto
La base del plan radica en el uso de aerogeneradores flotantes, una alternativa a las turbinas tradicionales ancladas al fondo marino. Estas estructuras se sostienen sobre plataformas fijadas mediante cables de amarre y anclas, lo que permite su instalación en aguas profundas sin necesidad de perforar el lecho oceánico.
Entre sus principales características:
- Permiten operar en zonas donde no es viable fijar estructuras al fondo marino.
- Reducen el impacto ambiental durante la instalación, al evitar excavaciones intensivas.
- Transportan la electricidad a tierra mediante cables submarinos de alta tensión.
Inversión inicial y dimensión del parque
Para avanzar en el diseño, el gobierno metropolitano de Tokio triplicó su presupuesto para el año fiscal 2026, alcanzando los 2.700 millones de yenes (unos 17 millones de dólares). Estos fondos se destinarán a estudios de viento y análisis del suelo marino.
Aunque no existe aún una cifra oficial de turbinas, estimaciones basadas en modelos actuales —de entre 8 y 15 MW— indican que el parque requeriría entre 67 y 125 aerogeneradores para alcanzar la meta proyectada.
Un proyecto clave, pero no decisivo
La iniciativa se inserta en el objetivo nacional de alcanzar 45 gigavatios de energía eólica marina para 2040, como parte de la meta de neutralidad de carbono al 2050.
Si bien el parque de Izu tendría un aporte limitado en volumen, su valor radica en:
- Impulsar el desarrollo tecnológico en eólica flotante.
- Posicionar a Japón en un mercado dominado actualmente por Europa.
- Enviar una señal política sobre el rumbo de la transición energética.
Dudas sobre plazos y rentabilidad
Pese al impulso inicial, el proyecto enfrenta cuestionamientos. Especialistas advierten que los desarrollos offshore suelen requerir más de una década desde su fase inicial, lo que pone en duda el cumplimiento del plazo fijado para 2035.
A esto se suma la cautela del sector privado. El gobierno central prepara licitaciones para la construcción y operación, pero posibles inversionistas han manifestado reservas.
Un antecedente relevante es que en 2025 Mitsubishi Corp. se retiró de importantes proyectos eólicos en el norte de Japón, citando el alza en los costos de materiales y la debilidad del yen.
La brecha con la energía nuclear
Aunque la capacidad instalada podría equipararse a la de un reactor nuclear, la producción efectiva presenta diferencias significativas. Según informó el South China Morning Post, citando a analistas, la energía eólica opera en torno al 40% de su capacidad nominal, mientras que la nuclear alcanza entre el 80% y 90%.
Un desafío tecnológico pendiente
Actualmente, los aerogeneradores flotantes siguen siendo una tecnología incipiente a escala global, con Europa liderando su desarrollo. Japón, aún rezagado, apuesta a revertir esa posición.
Si el proyecto se concreta, no solo superaría ampliamente la escala actual de esta tecnología, sino que podría marcar un punto de inflexión en la estrategia energética de uno de los países más dependientes de la importación de recursos.




